Cuando era un niño, pasé tres largos veranos jugando en la cima de los árboles. Por lo general era un piloto de avión, pero en ocasiones era un hombre mono como Tarzán. Esto comenzó a la edad de 8 años. Cuando tenía 11 años, caí desde un árbol y me rompí un brazo. Luego de eso, sólo jugaba sobre el suelo. Era demasiado pobre para tener una bicicleta, pero sí tenía unos patines. Ahí es cuando comencé a patinar a la biblioteca y leer al menos un libro cada semana. Pero a veces por la noche aún soñaba que estaba jugando sobre los árboles. Los libros me enseñaron a usar mi cabeza, pero los árboles me enseñaron a usar todo mi cuerpo.
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